Redes Sociales en la Investigación
El mundo académico y las redes sociales nunca han ido más de la mano que en la actualidad. En el mundo moderno, el investigador no puede permitirse desarrollar su carrera asilado de su entorno: el investigador 2.0 tiene más facilidades que nunca para hacer accesible su trabajo y difundirlo al máximo número de personas.
Hay multitud de redes sociales susceptibles de ser utilizadas en el mundo de la investigación, en función de su utilidad específica. Redes sociales de uso cotidiano, como Facebook, Instagram o X (anteriormente Twitter) se han probado efectivas para comunicar la investigación de una forma amena. Tras el cambio de Twitter a X, nuevas opciones como Mastodon o Bluesky se han convertido en especialmente populares entre investigadores, aludiendo a mejores controles de contenidos. Tik-Tok ha ganado mucha popularidad en el último año: su formato base de shorts de 1 minuto es muy utilizado para comunicar ideas y generar debate de forma rápida y atractiva. La divulgación científica en Youtube lleva ya tiempo implantada, y existen canales de divulgación con millones de seguidores. Por otro lado, las redes sociales profesionales tampoco se escapan a la academia. LinkedIn es frecuentemente utilizado como herramienta de contacto entre profesionales, sean individuos o empresas, puesto que permite actualizar con facilidad el currículum virtual de los usuarios, así como buscar ofertas de empleo y generar foros de debate.
ResearchGate o Academia.edu son otras herramientas profesionales de amplia utilización, pues se encuentran específicamente diseñadas como redes sociales para investigadores. De ese modo, los investigadores podemos utilizar estas redes para seguir los perfiles de otros profesionales en nuestra disciplina de conocimiento, estando al día de actualizaciones en la misma (subida de preprints, publicaciones de artículos...), así como descargar directamente artículos desde la plataforma que muchas veces son inaccesibles en las revistas debido a diferentes procesos de embargo, abrir foros de consulta en los que podemos solicitar directamente la opinión de otros científicos, buscar ofertas de trabajo, mantenernos informados acerca de cursos y congresos, y obtener datos cuantitativos sobre nuestra actividad académica en forma de estadísticas diversas.
Como ejemplo de la utilidad específica de ResearchGate, dejo por aquí mi perfil personal así como un código QR de acceso al mismo:
La enorme oferta de aplicaciones y redes sociales con las que complementar nuestra actividad científica puede resultar un poco sobrecogedora, además de que en ocasiones es un poco difícil llevar la cuenta de en cuántos lugares hemos creado un perfil particular. Para centralizar nuestro uso de aplicaciones y maximizar la eficacia de nuestra identidad virtual, es decir, para genear un PLE (Entorno Personal de Aprendiaje) apropiado, he encontrado muy útil Symbaloo, una aplicación que permite generar un escritorio virtual personalizado que centraliza las herramientas que utilizamos en nuestro día a día. Dejo por aquí un pantallazo de mi cuenta de Symbaloo:
Como puede verse, Symbaloo permite una organización coherente de mis aplicaciones y webs más utilizadas. De ese modo, arriba a la izquierda se encuentran herramientas de recopilación de información, como Google Scholar, Feedly o la polémica Sci-Hub. Abajo a la izquierda encontramos aplicaciones de gestión de esa información, como Mendeley, Endnote o Diigo. Por su parte, arriba a la derecha he organizado mis herramientas de almacenamiento y difusión de datos, como Google Drive, Dropbox y Wetransfer, mientras que abajo a la derecha se encuentran mis redes sociales, tanto profesionales (ResearchGate, Academia.edu, LinkedIn) como de uso cotidiano (X, Facebook, Youtube).
Me gustaría cerrar esta entrada haciendo una breve reflexión acerca del nuevo perfil 2.0 que se espera de cada investigador. La realidad es que nunca hemos vivido en una época con mayor producción de información y mayor acceso a la misma. Este aceleracionismo informativo tiene un aspecto muy positivo: la democratización del conocimiento. Educarse a base de puro interés nunca ha sido tan sencillo. Sin embargo, vivir en un mundo con un flujo de información tan masivo trae como consecuencia una responsabilidad asociada. Sólo porque una información esté ahí, disponible para todos, no la convierte en fiable. Los investigadores tenemos una responsabilidad añadida a este respecto, pues conocemos mejor que nadie que una teoría únicamente es tan buena como los datos que la apoyan. En ese sentido, considero que debemos recordar que, ante el ansía y la presión por difundir nuestras investigaciones y por mantener una presencia virtual continua y actualizada, el reduccionismo y la simplificación de ciertos discursos con tal de llegar a un público más amplio puede resultar muy contraproducente a largo plazo. Es por ello que considero necesario que continuemos formándonos en divulgación científica y aprendamos a generar un perfil virtual accesible, ameno, pero sin nunca renunciar a los aspectos más fundamentales de nuestra profesión. La prioridad del investigador es investigar.


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